¿Se puede uno lanzar al océano de los peces gordos teniendo un tamaño no superior al de una piraña?
Se puede si uno afila los dientes, fija la mirada en el objetivo, endurece las escamas y le pone corazón a la brazada. Víctor Alonso es de esa clase de personas que llevan la inquietud del emprendedor en vena. Este madrileño, que aún no ha entrado en los 40, acaba de lanzarse a la piscina con Piraña, su gran apuesta. Se trata de una marca de snacks de sabores potentes dispuesta a demostrar que con creatividad, respeto por el consumidor, perseverancia e ideas redondas se puede aspirar a tiburón en el negocio de los aperitivos y los frutos secos.
2.500 puntos de venta en menos de un mes
El pasado 2 de noviembre Piraña salió al mercado. En menos de un mes, y gracias a un minucioso trabajo de distribución, han conseguido situar el producto en 2.500 puntos de venta. Carrefour, Alcampo, los cines Kinépolis, máquinas de vending del Metro de Madrid, de empresas, universidades y colegios mayores, así como tiendas de barrio, supermercados pequeños y “chinos” son algunos de los que ya han recibido su desembarco.
Una alianza prometedora
Tostaderos Sol de Alba, compañía granadina especializada en la fabricación de frutos secos y ahora responsable de la explotación de la marca, ha dado alas a Víctor Alonso para ambicionar mucho más. “Soy un afortunado”, confiesa. Y reconoce que encontrarse en el camino con una empresa experta y amiga de la innovación como ésta hace más certero el salto. Si la Comunidad de Madrid ha sido la línea de salida en la venta y distribución de sus cacahuetes, con una “fórmula” que aporta sabor a un sector que se encuentra “aburrido, falto de esencia, sin emociones” y no siempre saludable, ya están con los preparativos para surcar el resto España y arribar en el mercado internacional.
Espíritu emprendedor y viajero
De hecho, ya han empezado a echar anclas. Y es que si “emprendedor” podría ser el primer apellido de Víctor, “viajero” es merecedor indiscutible del segundo. Quizás por esto Alonso añade tintes de aventura a sus snacks. “Wasabi soy sauce”, “Curry masala” y “Kentucky barbacue” son sus tres primeras apuestas. Tres pasaportes que invitan al paladar a salir de viaje. Y sin engaños, “porque ofrecemos sabores reales, no sucedáneos. No usamos productos nocivos para la salud, no recurrimos a potenciadores de sabor, no empleamos glutamato de sodio, muy habitual en este tipo de aperitivos”, se interesa en subrayar
El valor de dar la vuelta al mundo
El camino a recorrer hasta llegar a Piraña ha sido fascinante pero no fácil. Su talante viajero le viene de niño. Con un padre cuyo trabajo en la hotelería le llevaba de acá para allá, no le costó ni un temblor de piernas coger solo, con 14 años, un avión para plantarse en Londres. Ni siquiera el futuro cómodo y prometedor que ya había iniciado en el mundo de las finanzas supo contener sus ganas de dar la vuelta al mundo.
Lo hizo. Dejó su trabajo, vendió su coche, cogió sus ahorros y se lanzó a la aventura de recorrer el planeta por tierra y mar. Como el avión lo había excluido de su ruta, llegó incluso a atreverse a cruzar el Atlántico en un velero de 12 metros. De aquella hazaña de dos años y medio de duración se hizo eco el programa “La aventura del saber” de TVE2 en una serie de capítulos. También su libro “Cartas desde el Planeta Tierra”, editado por Dilema.
“Todo es determinante en la vida. Pero aquel viaje fue el punto de inflexión en la mía”, valora. Buscaba la libertad y la conquistó. ¿Cómo seguir atesorando una vida al margen de la cotidianeidad, fuera del camino establecido? “Emprender” era la respuesta y la ‘actitud piraña’ el talante para conseguirlo. Así lo recoge en el “Manifiesto piraña”que firma en la web de la marca “pirañanuts.com”. Un texto que, en esencia, es mucho más que marketing de contenidos.
Un ejemplo de superación y perseverancia
El estudiante de Administración y Dirección de Empresas de la Complutense que se aburría en Contabilidad; el joven que lloró cuando supo que no habría inversores para el proyecto de biotecnología con el que él y un compañero ganaron un concurso de negocios a pesar de haber seducido a la incubadora de empresas del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y al IESE de la Universidad de Navarra; aquel devorador de kikos que, con 120.000 euros y “sin saber de importación o exportación”, logró introducir el maíz en Argentina como nunca antes se había consumido, creando la marca Krikos –todavía en funcionamiento-, hoy está más cerca de alcanzar sus metas. Metas que van más allá de lo material, que tocan las emociones y ansían añadir valor a la sociedad.
Steve Jobs (Apple) o Richard Branson (Virgin) son esa clase de humanizadores de marcas de los que Víctor Alonso saca enseñanzas. Pero también en sus años de estudiante supo sacarlas. No olvida aquella frase del profesor de Economía de la Empresa de 1º: “Ustedes no están aquí para ser contables. Están aquí para crear empresas”.