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Fernando Ónega brillante pregonero de las Fiestas de la Virgen de la Paz

Fernando Ónega brillante pregonero de las Fiestas de la Virgen de la Paz

El periodista, vecino de Alcobendas, como se esperaba ofreció el mejor pregón hasta la fecha

miércoles 17 de enero de 2018, 13:54h

"El milagro de Nuestra Señora eres tú, Alcobendas​", decía ayer el popular y reconocido periodista y vecino de Alcobendas desde hace más de dos décadas, Fernando Ónega. Y lo hizo durante un pregón que, como es tradición, se ofreció desde el balcón de la sede del Distrito Centro, en la Plaza del Pueblo para presentar las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Paz. Ónega habló del milagro de la multiplicación del vino de la Virgen, de la historia de la patrona de la ciudad, de su vida en Alcobendas, de su 'doble nacionalidad' como "gallego y alcobendense" y del "orgullo" de pertenecer a una ciudad en la que, según la última encuesta, el 98,6% de los ciudadanos se sienten satisfechos de vivir: "casi el cien por cien. Tenemos más orgullo de ciudad que Madrid, Barcelona o Málaga (...) el tamaño importa para ser más grande, no para dar más felicidad. Para vivir en Alcobendas".

Dada brillantez del mismo, y por gentileza de su autor y del Gabinete de Comunicación del Ayuntamiento de Alcobendas, nos permitimos ofrecerles la transcripción íntegra del brillante y original pregón ofrecido por Fernando Ónega, Vecino de Alcobendas, periodista y Cronista de Excepción de la Transición Española por su cercanía al fallecido Presidente, Adolfo Suárez, con quien trabajó codo con codo.

El Pregón íntegro

Vecinas y vecinos de Alcobendas, señor alcalde, miembros de la Corporación, hermanos y mantenedores de la Hermandad de Nuestra Señora de la Paz, queridos amigos:

Digo el nombre de nuestra ciudad y estoy diciendo ante todo el nombre de mi pueblo de adopción. El lugar que un día me acogió, me dio techo y hoyes mi casa. El lugar donde ha nacido mi hijo, donde estudia y donde juega, donde crece, donde sueña y donde espero que no se pervierta demasiado. Tomo mi presencia en este balcón como un certificado de doble nacionalidad: gallega y alcobendense. Soy, efectivamente, un humilde, pero orgulloso vecino de Alcobendas. Fijaos si llevo tiempo siéndolo, que mi residencia aquí no se mide por años, sino por siglos. Llegué el siglo pasado, que era el XX, y continúo aquí en el XXI. Fijaos si llevo tiempo siéndolo, que cuando llegué José Caballero era el nombre del alcalde, pero todavía no era el nombre del Polideportivo. Vi llegar a la alcaldía a este señor, Ignacio García de Vinuesa, aunque no estoy seguro de ver el final de su mandato, porque dicen que tiene vocación de eternidad. En Alcobendas me casé, y tiene su mérito, porque muchos años después no me he vuelto a divorciar ni se me ha pedido formalmente el divorcio. Debe de ser un milagro de dos mujeres sobrenaturales: la propia y Nuestra Señora de la Paz. Y hoy estoy en este lugar casi sagrado de la soberanía popular de Alcobendas, privilegio máximo para un escribidor de historias ajenas. Para anunciar lo que ya sabéis: que vienen las Fiestas de la Patrona. No de mi mujer, sino de Nuestra Señora de la Paz.

Antes de nada os tengo que confesar una cosa. Cuando en mi pueblo de Lugo sepan que actué aquí, en este balcón del Ayuntamiento, igual que Lolita Flores; igual que Norma Duval; igual que Manolo de la Calva, del Dúo Dinámico¡ igual que Manu Tenorio, e igual que Manolo Escobar, sé muy bien lo que me dirá Maruja, la panadera: "Ay, Fernandiño, no sabía que eras tan artista". "Secretos que uno guarda", le responderé. Y ella volverá a mirar la lista de gente tan ilustre y celebrada que ha sido pregonera en Alcobendas y me preguntará: "¿Y todas esas celebridades son vecinos tuyos?". "Todos", le responderé, "y muchos más, que hasta Beckham y Victoria Beckham vivieron por aquí. Y algún banquero. Y la baronesa Thyssen. Y qué os voy a decir de las hermanas Cruz. Y mi panadera replicará: "Ay, Fernandiño, tú no vives en Alcobendas, tú vives en la revista 'Hola"'. Con esos antecedentes de actuaciones estelares en este balcón, no os extrañe que esta noche acabe en Operación, Triunfo y probablemente en Eurovisión y se comprenderá fácilmente que yo también vengo a cantar. Vengo a cantarte a ti, Nuestra Señora de la Paz. Vengo a cantarte a ti, ciudad de Alcobendas. Y vengo a cantaros a vosotras, mis vecinas de Alcobendas, y a vosotros, mis vecinos de Alcobendas, compañeros de paseos entre los rosales de La Vega, de cruzarnos en un parque, de colas en el supermercado, de impuestos y de atascos. Aunque esto de los atascos no lo digo nunca delante de un alcalde desde que una vez quedé a comer con Tierno Galván, llegué tarde, me disculpé con el tráfico, y Tierno me reprendió tiernamente: "Oiga, si empezamos faltando ... " Vengo, en primer lugar. a cantarte a ti, Virgen de la Paz, Nuestra Señora de la Paz, porque es tu fiesta, y así me lo manda el Concejo. Mucha gente no lo sabe, porque los santos son así de discretos, pero tú, Virgen, eres la historia de Alcobendas. Mil años se han cumplido desde que la Pastorcilla Manca encontró tu imagen en un olivo del campo de Fuentidueña. Ante tí rezaba San Isidro mientras los ángeles araban las tierras de Santa María de la Cabeza, según el testimonio de Julián Caballero Aguado, gran historiador de este pueblo. 500 años se van a cumplir desde la fundación de la Hermandad de Nuestra Señora de la Paz. Casi cuatrocientos años llevas siendo la Patrona de Alcobendas. Y va también para cuatrocientos años que se hizo aquel milagro de la multiplicación del vino en casa de un vecino de Alcobendas. Y digo yo entre paréntesis que una Virgen que multiplica el vino y hace que haya vino para todos es una Virgen que merece mucho respeto y simpatía. Dice el testimonio del hombre en cuya casa se hizo el milagro que "desde la hora de las seis de la mañana hasta las once y media del día, estuvo el que declara dando vino con tazas, jarros, medias arrobas, cuartillas, botijos, ollas, frascos (...) Concurriendo más de 600 personas, el señor juez, sacerdotes, Justicia y Regimiento, escribanos del Ayuntamiento, innumerable gente, la Señora Condesa de Puñoenrostro y toda su casa y familia, y mucha gente de Madrid que sacaron botas para diferentes partes, todos cargados de dicho vino, que le parece a este declarante sacarían en el tiempo, desde las seis de la mañana hasta las once y media del día, más de cien arrobas de vino", ¡Madre mía!, exclama ahora este pregonero. De aquella exuberancia de vino procede sin duda el alcalde de ahora. Por algo se apellida García. García de Vinu... esa. El añadido "esa" lo estoy investigando. No sé si es la contribución o la Policía Municipal.

Pero seamos realistas. Hoy, ni Nuestra Señora de la Paz podría hacer otra multiplicación del vino ni la hace, porque saldrían el Carrefour, el Mercadona, El Alcampo y El Corte Inglés a denunciarla por competencia desleal. Y porque saldría algún político racista a decir que se lo habían bebido los inmigrantes por el mero hecho de estar empadronados, como si el vino fuese de la Seguridad Social. Y porque Montoro enviaría a la Agencia Tributaria a reclamar el IVA de tanto vino y el 20 por ciento de las cien arrobas. como hace con la Lotería. Y porque el director general de Tráfico mandaría desde su casa de Sevilla rodear Alcobendas de quitanieves, perdón de quitavinos y controles de alcoholemia. Y porque Puigdemont diría desde Bruselas que Alcobendas les roba. Y además, porque el milagro de la multiplicación del vino es el único que no está en el programa electoral de ningún partido. Debe de ser porque se redactaron en tiempos de austeridad... Puedo prometer y prometo mi voto al partidoque lo incluya. Perdón, Santísima Señora, por estas frivolidades mundanas de escribidor a quien se le dan mejor los festejos que los rezos. Alego en mi descargo que vengo a pregonar una fiesta y no unos ejercicios espirituales. Y, como pregonero de encargo, quiero resaltar que una Virgen, de advocación Nuestra Señora de la Paz, que llena de pan el arca de la madre de la Pastorcilla Manca, que le repone su perdida mano y que hace manar vino en una tinaja es Santa que anuncia prosperidad. Alcobendas se encomendó a ella y ha pasado de ser un pequeño pueblo a la espléndida realidad de hoy. Tu milagro actual, Virgen nuestra, se llama Alcobendas.

¿Y sabes, Señora, cuál es mi conflicto mental? Por una parte, me gustaría que, por mi amor a Alcobendas, te llamaran como se te llamó en una novela mexicana del siglo XIX que descubrió Julián Caballero: "Virgen de Alcobendas". Suena bien en la novela: "¡Válgame la Virgen de Alcobendas!", "Protéjame la Virgen de Alcobendas!", "Calma, amor mío, calma por la Virgen de Alcobendas"...Pero, por otra, necesitamos que sigas teniendo tu nombre de Nuestra Señora de la Paz. Y no sólo por historia y tradición. Lo necesitamos mientras tengamos a Donald Trump. Y al otro que lanza misiles. Y a los terroristas de la bandera negra. Y a los que ponen en riesgo la convivencia dentro de nuestro país. Y a los que no tienen memoria histórica para reconocer lo que nos ha costado la reconciliación. Y a los que juegan, insensatos, con la paz civil.

Sumo los dos nombres, las dos invocaciones, y digo: "Nuestra Señora de la Paz, Virgen de Alcobendas". Y esta es mi oración: déjame decirlo así, Señora, déjame sumar los nombres de Paz y Alcobendas, porque me suenan a sinónimos. Déjame decirlo así, porque Nuestra Señora es gloria en el cielo, y a Alcobendas queremos hacerla gloria en la tierra. Y déjame decirlo así, porque la historia os hizo inseparables. Y como inseparables que sois Alcobendas y tú, Señora, sigue derramando tu gracia sobre este pueblo y sus gentes. Tú, que lo has visto ser un pueblecito de vinateros, y después un pueblo grande de tejados rojos y hoy una gran ciudad, presta un poquito de tu apoyo para que esa ciudad, si tiene que crecer todavía más, crezca con armonía; que combine una industria que no molesta y un comercio que atrae multitudes con la posibilidad de aparcar; que la exuberancia de sus parques, las urbanizaciones ejemplares, los espléndidos nuevos barrios, una treintena de colegios, otras tantas guarderías, y el embrujo del Auditorio, el Centro de Arte o el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología preserven su valor ante los embotellamientos de la Nacional l. Yo no sé si Alcobendas es un modelo de ciudad, como se dice en algún eslogan. Pero sé que la he visto crecer. He visto el estirón hasta la inmensidad de hoy: segundo municipio español por facturación de multinacionales. Miro y veo las zonas residenciales, pero también las sedes de las grandes corporaciones. Miro tus datos, y eres un prodigio: doblas el PIB medio de España, puedes sacar pecho con un Ayuntamiento de cuentas saneadas, que supo prever la crisis, que paga a proveedores y tiene superávit. Estás reclamando a gritos ser capitalidad de las nuevas tecnologías. Y dejadme presumir: 7 de cada 10 euros de presupuesto se gastan en fines sociales. Miro también el protagonismo de las asociaciones regionales, y en ningún lugar tienen tanta presencia como aquí. Un gallego, por ejemplo, está aquí como en casa: tiene una concejala de Ferrol, que es María José Ortiz. Tiene al portavoz de Ciudadanos, Horacio Rico, que también es paisano. Y la Xuntanza de Galegos de Alcobendas con su espléndido Grupo de Gaitas y Escuela de Gaiteiros, y la Feira do Pulpo, y la Feria del Marisco. ¡La de Dios, bueno, la de Breogán, organizada por Ovidio Cadenas y otros apasionados Alcobendas es Galicia con menos reuma. Alcobendas... Tenía previsto llamaros al orgullo de ser de este pueblo o de vivir en él. Pero no hace falta: la encuesta de calidad de vida que recoge el último número de la revista "Siete Días" dice que el 98,6 por ciento de los ciudadanos se sienten satisfechos de vivir aquí. Casi el cien por cien. Tenemos más orgullo de ciudad que Madrid, Barcelona o Málaga. ¡A hacer puñetas el prestigio de Nueva York, Londres o París! El tamaño importa para ser más grande, no para dar más felicidad. Para vivir, Alcobendas. A mí me sedujo su aire y me enamoró su tierra. Mis manos de campesino cavaron la tierra de Alcobendas, y la encontraron fértil y grata. Y ahora, que nadie me pida que me vaya, que tengo las raíces muy hondas, y mi hijo ... mi hijo lleva sangre gallega, pero tierra de Alcobendas. Y yo, vecinos, cuando me preguntan cómo es, digo que Alcobendas es un hogar muy grande al que se adosó Madrid. Madrid ha crecido hacia el Norte, no porque quiera crecer, sino por rozar a Alcobendas. Y esta noche el escribidor dobla sus cuartillas, besa esta tierra de adopción y acogida, se emociona un poco, y sólo te sabe decir: gracias, Alcobendas. Gracias por haber querido ser mi pueblo. Gracias por tan espléndida hospitalidad. Y a partir de este minuto, y por orden del señor Alcalde, el pregonero no dice que comiencen las Fiestas de Nuestra Señora de la Paz, que empezaron el viernes con la Gala de Danza. Digo que sigan las Fiestas, ricas en actividades culturales, inmensas en celebraciones religiosas, sugestivas en homenajes gastronómicos, grandes en encuentros deportivos, seductoras de sabor popular. Degustad las migas, las gachas y la chocolatada que ahora mismo viene. Y haced de Alcobendas una fiesta permanente, que empieza en Nuestra Señora de la Paz, sigue con los carnavales, pasa por San Isidro y culmina en la Asunción, camino otra vez de la Navidad en que llevaremos a la Virgen desde su ermita a San Pedro.

Alcobendas, fiesta plena. De Nuestra Señora de la Paz a Nuestra Señora de la Paz. Por los siglos de los siglos, amen.

Dado en Alcobendas a 16 de enero del año 18 del siglo XXI, segundo siglo de mi vecindad ¡Vivan Alcobendas y la Virgen de Alcobendas!

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